DÍA 6.- AGUINALDO ESA PALABREJA QUE SALE EN LOS VILLANCICOS

Yo he sido siempre una niña mitad de ciudad y mitad de pueblo, y recuerdo las Navidades con mucho frío, pero también con una muy dulce ilusión infantil.

Quizás de lo más curioso y divertido de pasar las Navidades en mi amado pueblo, era lo de ir a pedir el aguinaldo el día de año nuevo. Por aquella década de los 80 zamoranos, Papá Noel ya rondaba en Nochebuena, pero cuando realmente venían los regalos chulos era en la mañana de año nuevo. Y no estoy hablando de juguetes precisamente, más bien hablo de la propina de tu madrina y padrino que eran a los que tenías que ir a pedir el aguinaldo. Yo lo tenía bastante fácil puesto que eran mis abuelos, pero siempre había alguna tía generosa que solía soltar algo también. Normalmente, las pesetas iban acompañadas de algo más como algún buen chorizo, torrijas o galletas, todo ello casero, por supuesto.

Recuerdo que cuando celebré mis quintos, en la Nochevieja del 2000, al día siguiente me lleve una buena bronca porque no fuimos a pedir el aguinaldo, todo el pueblo esperando a los quintos, y los quintos se habían ido a dormir. La dulce ilusión infantil se había quedado en los años 80, para dejar paso a los 2000.

¿Te ha gustado? ¡Comparte!

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *