Siempre he querido escribir algo respecto a las “peladillas navideñas”. Merecen un título como “Peladillas, ¿porqué ese instrumento de tortura que nadie quiere?”
Sí, ya sé que son almendras, piñones, y otros frutos secos confitados. Sí, ya sé que son alimentos y no instrumentos; pero aún así, son alimentos de tortura. Sí, puede que a ti te gusten, pero quizá seas una rara especie a extinguir. Estos bombones raros aparecen en las bandejas de muchas casas… pero, la pregunta es: ¿alguien los come?
Definitivamente no, he podido observar durante años que colonizan las bandejas durante días. En un primer momento lucen preciosos con su cobertura de azúcar, mi familia los prefiere blancos, aunque los he visto de colores en otros hogares. Están en las bandejas pegados a la navidad. Languidecen según pasan las horas, se ponen lamigosos, y su presencia pegajosa invade los ojos… ¡cualquiera se pringa los dedos!
Sí, ya sé que su historia es antigua. Sí, por supuesto, las fuentes históricas aseguran que existían peladillas en época romana. Sí, me he informado que los romanos cubrían las almendras con miel y harina. Pues saben ustedes, de los romanos “deben de ser las que aparecen en las fuentes de todas las casas”. Deberían llamarse “pesadillas navideñas”.
