Si algo da el pistoletazo de salida a las fiestas navideñas es la colocación del alumbrado. Y no me refiero al encendido de las luces, no, me refiero a la colocación de las luces en la calle:
El otro día, allá por el mes de Noviembre, conduciendo tranquilamente por la ciudad con mis dos niños en el coche, de pronto se escuchó un grito monumental que decía “¡¡¡mamááááá!!! ¡¡¡las luces de Navidad!!!!” a lo que siguió una locura de gritos de los dos, cánticos y alegría.
Para cuando han visto encendidas las luces, el nivel de alegría e ilusión ha ido in crescendo. Realmente, son los niños los que visibilizan el “espíritu navideño” ya que viven cada instante llenos de alegría. A través de ellos despertamos a nuestro niño interior, aquel que nunca debimos dejar de escuchar, ya que gracias a él las cosas son sencillas, bonitas y sin complicaciones.
Y seamos sinceros, ¡Qué bonitas están las ciudades cuajadas de luces multicolores! a quién no le gusta pasearse bajo la gran bola, visitar el árbol de la Plaza Mayor o ver los espectáculos de luces y colores. ¿A ti no? Prueba a visitarlo nuevamente con un niño, o, mejor, con tu niño interior.
