¡Ay la ilusión de los niños! Creo que es de lo más entrañable de la Navidad. Esa mañana de reyes, donde no te importaba madrugar para ver lo que te habían dejado los Reyes Magos.
Yo tenía un aliado en cuanto a eso del correo real, podemos decir que tenía línea directa con los pajes encargados de llevar las cartas de los niños a los reyes. Como cualquier niña, cuando se aproximaba la Navidad me disponía a escribir mi carta, con esa tierna ilusión infantil, que solo se tiene cuando eres pequeño. Mi carta era diferente, el papel para escribirla solía venir directamente de la mano de mi padre, con el anagrama de Correos y Telégrafos impreso en la parte superior. Sí amigos, yo tenía la suerte de que mi padre era un ayudante de los pajes reales, escribía la carta con la seguridad de que mi padre iba a hacer llegar esa carta a su destino, no tenía la menor duda.
Incluso durante un tiempo, los pajes reales en agradecimiento por el trabajo realizado, obsequiaron a sus ayudantes de Correos con juguetes para sus hijos. Recuerdo como si fuera ayer a Juanita Correitas. No había pedido en mi carta ninguna muñeca con tal nombre, pero siempre estará en mi memoria como el regalo que me hicieron los Reyes Magos, por el trabajo realizado de mi padre en Correos.
