En mi casa teníamos unas normas muy estrictas respecto a los dulces navideños: no podíamos comer ningún turrón, mazapán o tentaciones semejantes hasta el día 24 después de comer. Sin embargo, la norma se relajaba para uno de mis dulces favoritos: los polvorones.
Ya en casa de mi abuela, donde siempre fueron más “flexibles” para el asunto dulce, desde el día 1 de diciembre se permitía comer polvorones del Toro, siempre del Toro, y siempre acompañado de la canción que mi abuela nos cantaba mientras pasaba de sus manos a las nuestras los preciados dulces: “polvorón que estás en mis manos, en mis manos polvorón, ¡polvorón!”. Y aquí comenzaba la discusión: ¿cómo se deben comer los polvorones? ¿Tal cual o aplastados?
Yo siempre los preferí aplastaditos y ricos…
A día de hoy no solo disfrutamos de los polvorones desde el día 1, sino que los hacemos nosotros mismos en casa. ¿Cómo? ¿Quieres hacerlos como nosotros?
¡Te dejamos la receta!

