Cuando era pequeña, sabía que se aproximaba la navidad porque en el cole, cuando aún no hacía ni frío, aparecía nuestra profe de música, cargada con las fotocopias del villancico de turno para el festival de ese año. Era muy emocionante la verdad, nos tirábamos como mes y medio, más o menos desde después de Todos los Santos, ensayando una y otra vez el villancico, y no solo cantábamos, por supuesto había instrumentos típicos de la Navidad como la zambomba, la pandereta, los cascabeles y como no la botella de anís del Mono.
Eran días de nervios, en mi casa mi madre ponía siempre la misma cinta de casete de villancicos, años tras año, «pero mira como beben los peces en el río…», «la virgen se está peinando…» . Hasta que llegó el CD. Creo que aún andará por casa esa vieja cinta.
Lo mejor de todo, es que todavía a día de hoy, cuando me reúno con mi familia en Nochebuena, seguimos cantando villancicos, a pleno pulmón, siempre los mismos.
¡Cada año le ponemos la misma ilusión!
